lunes, 11 de agosto de 2014

La delincuencia juvenil se ha convertido en una preocupación social en la actualidad, pues la problemática ha ido en aumento en los últimos cinco años. Sin embargo, varios expertos coinciden en que los menores también son víctimas de grupos criminales encabezados por adultos que los reclutan y los obligan a delinquir, por lo que también estos deberían ser perseguidos por la justicia.
“Hemos ido por los adolescentes que cometen faltas, pero nunca atrás del adulto que lo indujo, que lo captó o que le dio un arma o lo obligó a traficar drogas”, señaló la defensora de la Niñez y la Adolescencia de la Oficina de la Procuraduría de los Derechos Humanos, Nidia Aguilar del Cid.
“Estamos criminalizando a los niños, pero estos son víctimas. El tema es cómo darle persecución penal a la gente adulta”, opina Felipe García, director ejecutivo del Movimiento Social de la Niñez y la Adolescencia.





La realidad que vivimos en Guatemala por causa de la violencia es terrorífica. No hay día en el que aparezcan muertos por causa de una criminalidad rampante que no parece tener forma de detenerla. Sólo en la capital de nuestro país hay cerca hay más de tres docenas de maras que tienen en vilo a la población. No pasa una semana sin que se sepa que ha habido asaltos a buses, secuestros y violaciones a señoritas que desafortunadamente viven en zonas donde son víctimas indefensas de la brutalidad esquizoide de muchachos que han perdido por completo el más elemental sentido de la moral. Cada día se matan entre ellos y a personas inocentes no sólo los mareros sino también los narcotraficantes que han tomado casi sin mayores esfuerzos muchas de las zonas de la capital y algunos municipios de nuestra patria. Con frecuencia matan aún entrando a lugares donde era inconcebible que esos hechos se llevaran a cabo: hospitales privados con guardias armados, hospitales públicos donde es abundante la afluencia de personas, bancos bien vigilados… Simplemente llegan, matan a quien se oponga y matan a las personas que tienen como objetivo y/o se llevan lo que quieran.  Los mareros ya sin ningún recato entran a los buses y exigen al chofer que les dé dinero; todo frente a los mismos pasajeros que ya lo ven como algo “normal”…
Casi podríamos decir que vivimos como en aquellos tiempos bíblicos en los que, como dice el texto sagrado, “cada quien hacía lo que le daba la gana” (Jueces 21.25), sin que hubiera una autoridad que se lo impidiera.


Existen muchos acontecimientos y temas que son de interés nacional y por lo regular ocupan casi siempre las primeras planas de los medios de comunicación y por ende son discutidos en el escrutinio público.
Pero uno de ellos, sin duda el más importante y del que no se puede dejar de hablar por ser un signo de la deficiencia de gobernabilidad, es la incidencia y el crecimiento de la delincuencia y la violencia en el país.
Varias instituciones se han inclinado a denunciar y exigir a las autoridades un cese inmediato a los ataques de la delincuencia; pero lo lamentable, es la poca capacidad de reacción para investigar y resolver los hechos delictivos; muchos de los cuales quedan en la impunidad, y los que claman justicia quedan burlados por la inoperancia y deficiencia del sistema de justicia. Hoy día se ha determinado que los guatemaltecos viven sumidos en angustia constante.
Esa delincuencia que tiene de rodillas a Guatemala, comúnmente crece y se apodera de la sociedad por la falta de atención y de inversión en instituciones como la Policía Nacional Civil. Los pocos agentes que podrían entrar en el catálogo de “honestos”, no se dan abasto para resguardar a toda la ciudadanía. Un gremio policial en donde la mayoría de sus integrantes son de baja calidad y que no llenan el perfil adecuado como tal; del que casi siempre, toda la gente se “ríe” por su ineptitud, pero del que hay que tener cuidado por la forma de prepotencia y abuso de autoridad, por ser representantes de la “ley”, la pueden manejar a su sabor y antojo, que han llegado a involucrar en un delito a quien ellos quieran; si no que lo digan las personas a las que se les ha introducido droga en el vehículo por el hecho que le cayó mal al policía, por ejemplo.
Son los primeros que llegan a las escenas del crimen y los primeros en contaminarlas, en ocasiones en “componerlas” a su conveniencia con implantación de evidencia. ¿Qué le responderá un padre a su hijo cuando este le dice que cuando sea grande quiere ser policía…? No cabe duda que es indispensable elevar el nivel académico de los policías, una mejor calidad de personal fortalecería el sentido común en la aplicación de la ley a quienes la infrinjan, o por lo menor creer que habría menos corrupción.
Gran parte de los abusos de la delincuencia empieza porque las instituciones de seguridad siempre han sido manipuladas para “proteger” intereses personales de los políticos o del sistema de Gobierno. Casi siempre por debajo de la mesa se hacen negociaciones que no permiten hacer cambios sustanciales en las profundidades de esas oficinas; confabulado por el crimen organizado y en gran porcentaje por el narcotráfico.
Desafortunadamente Guatemala siempre se ha caracterizado por ser un país demasiado vulnerable a la “mala política”, desde lo autoritario y “fascista” de los gobiernos militares, hasta la iniciación de una democracia que hasta el momento no ha podido desarrollarse en toda su extensión, debido a la inclusión de personas sin criterio ni objetivos claros para gobernar, individuos elegidos por la confianza depositada en la soberanía del pueblo, pero que han descubierto que con una regular inversión en una campaña política, no solo pueden recuperar lo “gastado” sino también hacerse millonarios con su llegada al poder.
Un sistema de gobierno mal organizado y mal orientado es una puerta abierta para que la delincuencia haga lo que quiera. Los delincuentes no son tontos, ellos saben manejar muy bien la situación y son audaces para manipular el criterio y la movilidad política de los “malos” funcionarios. Ese mal comportamiento es el que se refleja en las calles, el que sirve a la delincuencia para hacerse grande y poderosa, al no existir un control para detener los ataques a los pilotos, no poder evitar las extorsiones, no contener las ventas de droga y no erradicar la violencia provocada por las pandillas juveniles, entre otros. Solamente queda una pregunta: ¿Qué va a pasar si esto continúa en Guatemala?


CAUSA DE LA DELINCUENCIA

Principales factores generadores de violencia 
1. Factores  económicos, sociales y culturales 
Estos están relacionados a los problemas estructurales como  desempleo, pobreza, sub desarrollo, 
discriminación, desigualdad social, hacinamiento, violencia en los medios de comunicación, cultura 
de la violencia. 
2. Factores de Socialización 
Estos se refieren sobre todo a la posición y situación familiar, a los valores familiares y sociales de 
las personas, así mismo al sexo, edad, educación, socialización, consumo de alcohol y drogas.  
3. Factores institucionales 
Estos están relacionados con los altos niveles de impunidad, la ineficacia de las instituciones 
encargadas del combate al crimen y a la corrupción (Corte, Suprema de Justicia, Ministerio 
Público, Policía Nacional Civil y Sistema Penitenciario) lo que origina perdida de confianza de la 
población hacia las instituciones.
LOS COSTOS SOCIO ECONÓMICOS DE LA VIOLENCIA 
En Guatemala no existe la posibilidad de cuantificar los costos de la violencia, fundamentalmente 
como consecuencia de la falta de información y estadísticas confiables, por lo que únicamente nos 
limitamos a plantear aquellos aspectos que debiesen tomarse en cuenta en una cuantificación de 
costos de la violencia. 
Existen diversas definiciones y tipologías de los costos socio económicos que provoca la violencia:  
Costos directos: en el sistema de salud, policía, sistema de justicia criminal, vivienda, servicios 
sociales. 
Costos indirectos: mayor morbosidad, mas mortalidad debido a homicidios y a suicidios, abuso de 
alcohol y drogas; desórdenes depresivos. 
Efectos multiplicadores económicos: Impacto macro económicos, en el mercado laboral y en la 
productividad intergeneracional. 
Efectos multiplicadores sociales: Impacto en las relaciones interpersonales y en la calidad de 
vida. 










Presentación


Nuestra sociedad ha llegado a un punto crítico en el que la delincuencia se ha convertido en parte de nuestro día a día. En la actualidad se reconoce la trascendencia de la delincuencia como un problema social que afecta todos los países, tipos de sociedades y clases sociales, esto ha llevado al Estado a buscar una definición precisa sobre la delincuencia. En nuestro país se define la delincuencia como “El conjunto de infracciones de fuerte incidencia social cometidas contra el orden público”.